En junio de 2008, J.K. Rowling pronunció un discurso como oradora invitada en la Reunión Anual de la Asociación de Alumnos de Harvard. Su discurso se tituló: “Los beneficios del fracaso y la importancia de la imaginación”.
Habló de las lecciones aprendidas de sus propios descubrimientos –del fracaso personal “de dimensiones épicas”– y citó a Plutarco: “Nuestros logros interiores modificarán nuestra realidad exterior”.
Ante una atenta audiencia, J.K. Rowling reconoció con franqueza los nervios que había sentido ante la perspectiva de pronunciar el discurso como oradora invitada en Harvard:
“Ahora lo único que tengo que hacer es respirar hondo, mirar de reojo a los banderines rojos y convencerme a mí misma de que estoy en la mayor reunión del mundo en Gryffindor”.
Habló de los beneficios del fracaso y de la importancia fundamental de la imaginación: haciendo valer el primero, para hacer realidad nuestras ambiciones, y la consecuencia de abrir los límites de la experiencia con la segunda.
“Es posible que nunca sufráis un fracaso del nivel que yo sufrí, pero un mínimo de fracaso en la vida es inevitable. Es imposible vivir sin fracasar en algo, a no ser que se viva con tanta precaución que podría decirse que no se ha vivido en absoluto –en cuyo caso, se fracasaría por defecto.
El fracaso me proporcionó una seguridad interior que nunca había logrado al aprobar mis exámenes. El fracaso me enseñó cosas sobre mí misma que no podría haber aprendido de otra forma. Descubrí que tenía una voluntad fuerte y más disciplina de lo que había sospechado; también descubrí que tenía amigos que valían su peso en oro.
Saber que los reveses te han hecho más sabia y más fuerte significa que, después de eso, siempre tendrás seguridad de tu capacidad de supervivencia. Nunca te conocerás a ti mismo ni la solidez de tus relaciones, hasta que la adversidad los haya puesto a prueba a ambos. Saber esto es un verdadero regalo, por mucho dolor que cueste aprenderlo, y me ha resultado más valiosa que cualquier titulación que haya obtenido en mi vida”.
Su discursó concluyó así: “No necesitamos la magia para cambiar el mundo, ya llevamos todo el poder que necesitamos en nuestro interior, tenemos el poder para imaginarlo mejor”.