Tras aceptar el manuscrito de Harry Potter y la piedra filosofal de J.K. Rowling, Barry Cunningham le aconsejó que “buscara un trabajo, porque hay muy pocas posibilidades de ganar dinero escribiendo libros para niños”.
Presentó una solicitud al Scottish Arts Council. Con una generosa beca de 8.000 libras, no solo pudo cuidar de Jessica, sino concentrarse en el siguiente libro de la serie, Harry Potter y la cámara secreta.