En diciembre de 1990, y tras una década de lucha contra la enfermedad degenerativa, la madre de J.K. Rowling –Anne– sucumbió ante la esclerosis múltiple con tan solo 45 años.
La muerte de Anne dejó una sombra de tristeza que influiría enormemente en las historias de Jo sobre un joven mago que pierde a sus padres siendo muy pequeño. Una de las cosas que más lamenta Jo es que su madre nunca llegara a conocer la saga de Harry Potter.
“El 30 de diciembre de 1990 sucedió algo que cambiaría para siempre tanto mi mundo como el de Harry: la muerte de mi madre.
Fue una época terrible. Mi padre, Di y yo quedamos desolados; solo tenía 45 años y nunca habíamos imaginado –probablemente porque no podíamos soportar la idea– que podría morir tan joven. Recuerdo que me sentía como si tuviera una losa encima del pecho, literalmente dolor en mi corazón…”.